Mi Referente MSP “SORORIDAD EN LA EMBAJADA” con Mar Mediavilla y Mónica Colomer 

21/02/2022 14 min 0 Comentarios mujerespublico
Asociación de Mujeres en el Sector Público - Mi Referente MSP “SORORIDAD EN LA EMBAJADA” con Mar Mediavilla y Mónica Colomer 

Hace unos meses, el pasado 7 de julio concretamente, lanzábamos en el blog de Mujeres en el Sector Público la primera Historia de Sororidad de la iniciativa “Mi Referente MSP”. Se trata de una de las actividades que se llevan a cabo desde la Asociación MSP, en este caso, a través del Equipo de Networking.

Rompiendo clichés

La iniciativa surgió, como la gran mayoría de ellas, por la permanente disposición de las socias a romper con clichés y estereotipos que nada tienen que ver con la realidad y realzar el liderazgo femenino desde el sector público. En esta ocasión, a partir de un reto lanzado en twitter por @FEDECA_Murcia en el que se animaba a las funcionarias a escribir un artículo sobre #sororidad. Esta propuesta se llevó al grupo de Networking, como la propia promotora nos contaba en su artículo (https://mujeresenelsectorpublico.com/el-comienzo-de-mi-referente-msp/), y desde el mismo se le sigue dando forma. Aprovechamos para recomendaros su lectura y el posterior visionado del video con la primera de las historias.

De la mano de Bea Sánchez os compartimos, a través de una entrevista escrita, la historia de sororidad entre las compañeras Mar Rodríguez Mediavilla y su mentora, Mónica Colomer. La segunda entrega de mi referente MSP.

Presentaciones

Os las presentaremos brevemente para que las conozcáis un poco mejor:

 

Entrevista

Bea:  Mar, ¿cómo surgió tu participación en esta iniciativa?

Mar: Pues vi la noticia de Mi Referente MSP en alguna de las redes de la Asociación, ahora no recuerdo en cuál porque la sigo en todas, y vi el video de Carmen y su mentora. Enseguida pensé en Mónica. Es mi referente de toda la vida. Después de tantos años y aún sigo pensando… “¿Qué haría Mónica en esta ocasión?” Así que cumplimenté el cuestionario y facilité mis datos. Finalmente contactó conmigo Carmen Seisdedos y se lo comenté a Mónica que se mostró de acuerdo en participar. A partir de ahí la maquinaria de networking se puso en marcha. 

Bea: La verdad es que ha sido muy fácil llevar a cabo esta segunda edición de mi referente MSP con vosotras y muy interesante haber conocido un poco mejor el mundo de las Embajadas, dónde miembros del Cuerpo Diplomático desempeñan su labor con el apoyo  del personal al servicio de la Administración General del Estado en el exterior.  Y así coincidieron vuestras carreras… 

Mónica, por tu carrera has trabajado en distintos países, ¿dónde y cómo os conocisteis?

Mónica:  Nos conocimos en la Embajada de España en Lituania. Cuando Mar llegó, yo llevaba ya aproximadamente la mitad del plazo de destino en esa Embajada en la que estuve tres años. 

Cuando llegué, el Canciller de la Embajada era una persona con muchos años de experiencia. Desempeñó un gran trabajo junto a mi predecesor en la medida en que les correspondió la tarea de establecer y abrir la Embajada de España en ese país que había recientemente ingresado en la Unión Europea.

Al siguiente equipo, del que formábamos parte Mar y yo, nos correspondió apoyar la progresiva consolidación de una delegación y una relación bilateral reciente, joven y con relevantes potencialidades. En ese sentido, había un trabajo interesante que realizar tanto en el plano interno en relación a los aspectos administrativos, contables o de personal, como con respecto a la relación bilateral impulsándola en los distintos ámbitos: político, defensa, económico, comercial, consular y cultural, entre otros.

Recuerdo perfectamente la llegada de Mar. Desde el principio, todos apreciamos su entusiasmo y competencia. Siempre me impactó lo bien que Mar se adaptó a un ámbito totalmente nuevo, exigente en el plano profesional pero también personal, y no siempre fácil.

Bea: Mar, ¿cómo fue que acabaste trabajando en Lituania?

Mar: Yo estudié Traducción e Interpretación e hice un máster en Estudios de la Unión Europea porque me gustaban los idiomas y todo lo que tuviese que ver con lo internacional.

Me atraía la oposición al Cuerpo Diplomático, pero enseguida descarté embarcarme en una oposición tan dura y que requería un respaldo económico importante durante los años que tuviese que dedicarle. Había que irse a Madrid, pagar academias y preparadores de temas, de  idiomas… Me sentí apremiada por mi edad (tenía 25 años, ahora me parece absurdo haberme  limitado a esa edad) y no me sentí capaz de afrontar ese proceso. También me dio miedo pensar si, una carrera así, siempre destinada en el exterior y cambiando de país cada pocos años, sería compatible con tener una familia y una pareja con sus propias aspiraciones profesionales. No me atreví.

Así que me decidí por opositar al Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado y en cuanto aprobé empecé a pedir todas las vacantes que salían para el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. 

Para los cuerpos generales A2, como era yo en aquel momento, la plaza más común es la de Canciller en las Embajadas y Consulados. Y después de un año pidiendo todas las vacantes que se publicaban en el BOE, me dieron la plaza de Canciller en Lituania. 

Bea: ¿Cómo es el trabajo en una Embajada?

MónicaEn las Embajadas pequeñas, como era el caso de Lituania, que contaba con un personal reducido, las funciones y cometidos eran por lo general asumidos por el equipo en su conjunto. En ese sentido, aunque los empleados podían tener funciones en cierto modo especializadas (consulares, administrativas, contables, etc), en ocasiones, nos correspondía asumir funciones diferentes de las inicialmente asignadas. Por ejemplo, en caso de turnos por vacaciones o bajas o en ocasiones en las que algunas funciones requerían de un refuerzo.

En ese sentido, me gustaría destacar cómo Mar se integró perfectamente en ese equipo multidisciplinar supliendo y apoyando en cualquier tarea en la que se requería. Siempre con una disponibilidad, una vocación de servicio y una profesionalidad admirables. 

MarEl trabajo en las Embajadas es muy bonito pero también duro. Lo que trasciende es la imagen clásica de glamour y sofisticación que asociamos al cuerpo diplomático, a sus recepciones con bombones, eventos culturales, reuniones políticas de alto nivel… y todo eso existe pero detrás hay un gran trabajo diario para que todo funcione.

Algo muy característico del día a día en las Embajadas es la variedad y diversidad de las tareas. Un día hay que ayudar a un español que tiene una emergencia consular, otro día organizar un acto cultural, dar apoyo a una delegación española o resolver la infinidad de cuestiones que plantean los ciudadanos, ya que la sección consular es un registro administrativo general.

Y esto se une al hecho de que en las misiones diplomáticas convive el personal laboral contratado localmente con personal funcionario desplazado que cambia cada pocos años.

Como Diplomática encargada de Asuntos Consulares y Administrativos Mónica era mi superior directa.

Mi puesto como Canciller incluía la gestión administrativa de la Embajada: gestión presupuestaria y contable  como cajera pagadora, administración de recursos humanos, patrimonio, inventario… las clásicas tareas de gerencia administrativa, pero con las especiales características de las funciones de las Embajadas. Se gestiona un presupuesto para actividades culturales, de representación y subvenciones a distintas entidades. Y en el caso de la Embajada en Lituania además desempeñábamos funciones consulares, ya que la Embajada tenía una sección consular: visados, pasaportes, poderes notariales, inscripciones en el Registro Civil consular, los procesos electorales…

La variedad de las tareas es abrumadora y hasta que no coges el ritmo, es duro. Recuerdo que llegué a Lituania con muchas ganas y con mucha ilusión, pero con el famoso síndrome de la impostora instalado permanentemente y temiéndome que en cualquier momento alguien se diese cuenta de que yo no me merecía estar allí.

Muy recomendable este nuevo #post de #mujeresSP hablando de mujeres referentes y sororidad @BeaBesango entrevista a @marmediavilla_ y Mónica Colomer. ¡No te la pierdas!Click to Tweet

BeaEl famoso síndrome de la impostora…, Mónica, ¿qué opinas tú de esta percepción que tuvo Mar sobre sí misma y su trabajo?

MónicaComo señala Mar, la variedad de las tareas puede llegar a ser abrumadora y en su caso exigía además un esfuerzo adicional siendo la primera vez que se enfrentaba a ese tipo de trabajo. En ese sentido, era admirable también su deseo de aprender, sus esfuerzos y dedicación que resultaron siempre en una competencia y un desempeño impecables, reconocidos por todos.

Es importante tener en cuenta que además coincidiendo con la estancia de Mar y, paralelamente al trabajo diario habitual de una Embajada, se produjeron acontecimientos extraordinarios en el plano de la relación bilateral y en el ámbito consular que requirieron una dedicación y esfuerzo adicional de todo el personal. Mar, por la responsabilidad e importancia de su cargo de Canciller, tuvo que llevar gran parte del peso de ese trabajo adicional. Lo asumió como siempre con una disponibilidad y profesionalidad ejemplares. 

De ahí que esa percepción a la que alude Mar en relación al síndrome del impostor no procede en absoluto. Nunca lo pensé entonces ni creo sinceramente lo pudiera pensar nadie en nuestro equipo. Mar era una trabajadora extraordinaria, apreciada y reconocida por todos. Siento no haber sabido trasmitírselo así en ese momento y disuadir cualquier duda a ese respecto. 

BeaComo ya nos podíamos imaginar no tenía mucho fundamento real esa autolimitación inconsciente que en muchas ocasiones las mujeres nos imponemos a la hora de liderar…

MónicaSería importante aprovechar este tipo de iniciativas para reforzar en ese sentido la seguridad en nosotras mismas y en nuestras capacidades a partir de un conocimiento, esfuerzo y profesionalidad, que por ejemplo en el caso concreto de Mar, eran, como mencionaba, reconocidos y apreciados por todos, y dieron magníficos frutos. 

BeaMar, ¿qué significó Mónica para ti en tu etapa en la Embajada?

MarMe fijaba en Mónica constantemente. Mónica llegaba a la Embajada todos los días con una sonrisa amable para todo el mundo, y trabajaba con una seguridad que a mí me parecía inalcanzable en mi primera época. 

Otra cosa que me encantaba es que Mónica estaba en Lituania con su familia. Aquello que a mí me había parecido un imposible era real: había una mujer diplomática que se trasladaba con su familia y era perfectamente normal. 

En esas circunstancias es lógico que despertase mi admiración desde el primer momento. Pero verla trabajar en el día a día me confirmaba que había tenido la suerte de dar con una profesional excelente.

Siempre surgen situaciones nuevas e imprevistas y hay que adaptarse a las necesidades y reorganizarse, especialmente en las Embajadas pequeñas como la nuestra. En la práctica, eso supone modificar los equipos de trabajo y asignar nuevas tareas al personal.

Y en esto era en lo que Mónica me causaba mayor admiración. 

Con una naturalidad que me maravillaba, Mónica miraba a los ojos al personal y les decía con toda claridad lo que tenían que hacer.

Pero… entonces esto… ¿lo tengo que hacer yo?”— Era a veces la respuesta titubeante de quiénes no estaban muy por la labor.

 “Sí, necesitamos que se encargue usted de esto” — Mónica respondía con una perfecta combinación de amabilidad y firmeza que llevo años tratando de imitar, y pocas veces hacía falta nada más.

BeaMónica, ¿qué nos puedes destacar de Mar y qué aprendiste de ella?

MónicaDe Mar aprendí que la ilusión, el coraje y el esfuerzo, dan sus frutos. Mar se embarcó valientemente en una aventura desconocida que no es sólo un trabajo sino una forma de vida, con importantes implicaciones personales y familiares. Como Mar demostró, no hay que renunciar a nuestros sueños. Es cierto que quizás ellos te lleven hacía otros caminos, pero en ocasiones a estos se llegan a través de aquellos.

Un segundo aprendizaje es la importancia del trabajo en equipo. Nadie en este ámbito puede hacer avanzar la amplia agenda y responder a las funciones requeridas sólo. El trabajo es fruto de un equipo en el que cada miembro es fundamental y tiene un valor único.

Finalmente, como he comentado en alguna ocasión con Mar, y de lo que Mar es un vivo ejemplo, el único mérito es cumplir con nuestro deber.

Guardo un bellísimo recuerdo de Mar y me alegro que con motivo de este proyecto hayamos tenido ocasión de reencontrarnos de nuevo. Aprovecho para felicitaros a Carmen y a ti, y a todas las integrantes de esta iniciativa, por su oportunidad y relevancia. Es importante ese apoyo mutuo, descartar falsos estereotipos, y buscar inspiración y guía en tantas trayectorias ejemplares de multitud de compañeras en tantos y diversos ámbitos.  

Otra cuestión que considero muy relevante y que sin duda esta valiosa iniciativa puede ayudar a matizar es la relativa a la conciliación profesional y familiar. Es un reto, sin duda complejo y que se enfrenta a múltiples desafíos. Pero no es imposible. Conviene por ello esforzarse día a día para hacer posible esa conciliación, sea donde sea, en una Embajada o en cualquier otro centro de trabajo. Me alegro por ello mucho que Mar haya seguido creciendo profesionalmente conciliándolo con la vida familiar. 

BeaBueno Mar, para terminar, ¿qué destacarías de Mónica como mentora, jefa y qué aprendiste de ella?

MarUna gran enseñanza que me llevé es que no hay nada malo en ser una jefa exigente si empiezas exigiéndote a ti misma. Y por supuesto, para ello hay que ser ordenada, disciplinada y trabajar duro. El liderazgo es ante todo dar buen ejemplo. No quiero decir con esto que desde entonces yo lo haga siempre así de bien… pero sí tengo claro el ideal al que me gustaría parecerme.

Pero sobre todo, de Mónica me quedo con su calidad humana. Con lo buena persona que era. Eso es lo que de verdad importa. Por su integridad, su amabilidad y su capacidad de empatía Mónica era una persona que sacaba lo mejor del equipo y conseguía que todos quisiéramos trabajar con ella. Y al final esos son los valores que trascienden, más que el talento o la capacidad de trabajo. Recordamos a la gente por su bondad.

Es el tipo de ejemplo inspirador que se queda contigo para toda la vida. Como cuando recuerdas a los buenos profesores con los que siempre querías sacar buena nota. Y los recuerdas con una sonrisa porque sacaron lo mejor de ti.

La verdad es que fue un lujo y una suerte coincidir con Mónica y haber podido tener cerca un referente como ella tan al principio de mi carrera administrativa. Tengo que finalizar haciendo mías las palabras que le dedicó el Embajador en su despedida: “Mónica: como tú, pocas.”

Bea:  Pues muchísimas gracias a las dos por haber compartido esta historia de sororidad en primera persona, en la que otras compañeras pueden verse reflejadas. Y gracias a Carmen por su incansable apoyo y trabajo en esta y todas las iniciativas en las que nos embarcamos desde el equipo de Networking.

Si tú también tienes una historia de sororidad que compartir no dudes en rellenar este cuestionario Descubriendo nuestras mujeres referentes, desde el equipo de #Networking contactaremos contigo.

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ESCRITO POR Mujeres en el Sector Público

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