Las registradoras de la propiedad, mercantiles y de bienes muebles: el camino a la igualdad

El artículo 103.3 de la Constitución Española exige que el acceso a la función pública se realice de acuerdo con los principios de mérito y capacidad. Lo que unido al principio de igualdad del artículo 14 de la  propia Constitución ha permitido una fuerte presencia femenina en el sector público. Según datos del Ministerio de Política Territorial y Función Pública, en el año 2020 el 56,25% de los funcionarios públicos de las Administraciones Públicas españolas eran mujeres.

No ha sido fácil llegar hasta aquí  siendo bueno recordar cómo algunas de nuestras antecesoras creyeron en ellas y alcanzaron su meta profesional. Voy a exponerles, desde mi perspectiva de registradora de la propiedad, mercantil y de bienes muebles, cómo hemos logrado acariciar la paridad en el número de profesionales que integran la Corporación, en base a los criterios objetivos de mérito y capacidad que proporciona un sistema de selección objetivo como es el de las oposiciones.

El acceso de la mujer al cuerpo de registradores

Las primeras noticias sobre el acceso de la mujer al cuerpo de registradores, son negativas, se dictó una Real Orden el 24 de abril de 1924, para rechazar la solicitud de una mujer, licenciada en derecho, que pretendía presentarse a las oposiciones a registrador de la propiedad. Su insistencia no fue baldía, el Decreto de 29 de abril de 1931, ratificado por la ley de 30 de diciembre del mismo año, abrió a las mujeres la posibilidad de opositar al Cuerpo de registradores. Este decreto fue el primero, ya podía opositarse a registradora y a notaria, tras él se dictaron sucesivamente decretos que permitían acceder a la mujer al cargo de secretaria de juzgados municipales, y de procuradoras en los tribunales. La mujer se asomaba, por primera vez, a los puestos de la Administración hasta entonces reservados exclusivamente a los hombres. 

Cuando parecía que se avanzaba de modo imparable, en el año 1946, al promulgar el Texto Refundido de la ley hipotecaria se exigió ser varón para opositar al cargo de registrador. Este retroceso, se justificó aduciendo que en el resto de oposiciones de naturaleza jurídica se había iniciado una corriente que vedaba a las mujeres su acceso, de mantenerse en el cuerpo de registradores se corría el riesgo de feminización del cuerpo, al ser uno de los pocos a los que se podría opositar, por lo que era imprescindible exigir que fuera varón el opositor a registros. Corrían malos tiempos para el desarrollo profesional de la mujer.

Me gustaría contarles el ejemplo de ilusión y tesón de dos de mis compañeras de profesión. Mª Luisa Leira Martínez terminó la carrera de derecho en el año 1958, en ese momento no podía pretender ser registradora, este obstáculo que debiera verse como insalvable en aquella época no le desanimó. Su vocación profesional, unida al convencimiento de que la prohibición no podría durar, le llevaron a iniciar su preparación con la esperanza del cambio. Su apuesta se coronó con éxito aprobando en 1964, una vez promulgada la ley de 1961 que abrió las puertas del Cuerpo de Registradores a las mujeres. Esa misma fuerza poseía María Consuelo Movellán Gutierrez, quien aprobó en la oposición de 1968, con 50 años, tras años de espera en los que ejercía como maestra mientras se preparaba para ser registradora. Su ejemplo nos debe estimular para no dar por imposible de salvar ningún obstáculo.

Con excepciones

La ley 56/1961 de 22 de julio sobre derechos políticos profesionales, y de trabajo de la mujer (BOE 24 de julio), en su artículo 3º abrió la función pública a las mujeres, permitiéndonos participar en las oposiciones para la provisión de plazas de cualquier Administración Pública. Mantuvo algunas excepciones, que irían eliminándose con el paso de los años. Excluyó a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, al Ejército, a la Marina Mercante, y a los Magistrados, Jueces y Fiscales, salvo los tutelares de menores y laborales. Con algunas salvedades de poca relevancia. Todavía habría que esperar a finales de los sesenta para que las jueces y fiscales, y a 1988 para que las oficiales del ejército, se integraran con normalidad en sus respectivas profesiones.

Logrado el acceso a la profesión elegida, las mujeres hemos ido ingresando en la función pública, por mérito y capacidad, de modo constante y creciente en las últimas décadas. En 1978 una registradora alcanzó el número uno de su promoción: Isabel Adoración Antoniano. En la promoción de 1988, también con una mujer como número uno, se alcanzó la paridad entre los aprobados de ese año. Hoy las distintas promociones son mayoritariamente femeninas, lo que supone que La Rica no consiguió, con la prohibición de 1946, evitar la feminización del cuerpo de registradores.

No te pierdas este post de @MariaEmiliaAdan sobre el acceso de la mujer a la función pública con especial atención al cuerpo de registradores. En el año 2020 el 56,25% de los funcionarios públicos eran mujeres #mujeresSP Clic para tuitear

¿Cuál es hoy el desafío de las AA.PP.?

Hoy el desafío, en las diversas Administraciones Públicas, es que los puestos de responsabilidad reflejen esta presencia femenina que nadie puede ya desconocer. Debemos trasladar a la selección de los cargos de responsabilidad los mismos únicos criterios que se exigen para ingresar: mérito y capacidad.

Es cierto que en muchas ocasiones las mujeres somos víctimas del llamado “síndrome del impostor”, nosotras mismas nos limitamos evitando apostar por nuestro crecimiento profesional. Dudamos de nuestra capacidad para sumir retos profesionales, por miedo a descuidar nuestros compromisos familiares. Se mezclan en nuestras decisiones variables que nos autolimitan creándonos nuestro propio techo de cristal. Sumamos nuestras autolimitaciones a los indudables obstáculos externos. Debemos ofrecer nuestras capacidades sin temor; no somos mejores ni peores que otros candidatos a asumir esas responsabilidades por el hecho de ser mujer. Si todos somos iguales ante la ley, también lo somos ante la carrera profesional.

En el año 1994, fue elegida decana autonómica de Galicia, Mª Jesús Torres Cortel, quien fue reelegida para un segundo mandato, se alcanzaba así un importante hito corporativo. Tras ella fueron numerosas las decanas elegidas por la voluntad de los compañeros en votación directa,  llegando en el año 2018 a ocupar 11 de los 19 decanatos territoriales. En el año 2009 accede una mujer al cargo de vicedecana de la Junta nacional. Las elecciones del año 2017 contaron con dos candidatas a decana de las tres candidaturas que se presentaron, resultando elegida por sufragio directo de todos los compañeros una mujer. Creo poder decir que hoy, sólo importa la persona que se presenta a ocupar los cargos directivos, nadie tienen en cuenta su sexo, sino su potencial para dirigir la política corporativa. Se eligen los equipos y se orilla el sexo de sus componentes. Creo que ello es más fácil cuando la elección es directa, cuando la elección de los cargos directivos es indirecta parece que es más difícil cambiar la tendencia.

Las mujeres tenemos el reto de vernos y hacer que nos vean ante la asunción de responsabilidades sólo como personas, a las que la Constitución en su artículo 10 garantiza el libre desarrollo de la personalidad. Todos, hombres y mujeres, debemos comprometernos para que en los procesos de selección de los cargos de responsabilidad se aprecie sólo el talento. Erradicar la valoración de cuestiones de nuestro entorno vital atendiendo a estereotipos creados para justificar nuestro descarte, atendiendo a una hipotética y futurible falta de rendimiento es un objetivo irrenunciable. La igualdad es un valor de hombres y de mujeres, hay que luchar unidos para que la Administración cuente siempre con los mejores, para que esté a la altura de la alta misión que tiene conferida por la Constitución.

 

María Emilia Adán García

Decana de los Registradores de España

@MariaEmiliaAdan

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