EL CLUB NO 

Imagen de Gordon Johnson-Pixabay

Uno de los aspectos en los que se pone mas énfasis en los talleres de formación directiva es precisamente en aprender a decir a NO. Recuerdo que, en su momento, cuando inicié el programa de formación en competencias directivas, me llamó mucho la atención la cantidad de libros dedicados a fomentar el uso correcto del NO como arma eficaz de control del tiempo y de entendimiento de las personas: “Aprenda a decir No”, “No diga Si cuando quiere decir No”, “Cuando digo No me siento culpable”…algunos de ellos, bestsellers. Es verdad que culturalmente decir NO se vive con tensión y con cierta culpabilidad, mayor aún en el entorno laboral; de hecho, la asertividad, muy vinculada al uso del NO, es uno de los temas de trabajo más recurrentes en mentoría directiva.  La verdad es que en aquellos momentos no se me ocurrió pensar que el uso del NO (o del SI) tuviera un fuerte componente de género que cada día veo mas claro.

Jacqui Marson en su libro “La trampa de la amabilidad” hace una descripción del tipo de personalidad atrapada en el NO: “Educadas, serviciales, agradables, encantadoras, divertidas, incapaces de decir que no. Hay muchos tipos de personas complacientes, pero todas ellas tienen algo en común: ponen las necesidades de los demás por delante de las propias. Y por más que se sientan ahogadas por el peso de las demandas ajenas, la recompensa bien vale el sacrificio: se aseguran de ser amadas y aceptadas por los demás”. No digo que no haya hombres con esta tipología, pero claramente es una descripción de un comportamiento clásico femenino que tiene sus consecuencias en todos los ámbitos, en especial en el laboral.

¿Cuantas veces no te has sentido enganchada en círculos agobiantes de tareas, que no sabes muy bien por qué las estás haciendo mientras otras personas (muy frecuentemente hombres) se enfocan en el desarrollo de su carrera profesional? La respuesta, frecuentemente, es porque no has sabido negarte a ellas. Como consecuencia, tu tiempo es consumido en realizar favores o trabajos necesarios para la organización que no tienen visibilidad, ni repercusión, y que por supuesto no causan impacto alguno medible en la institución. El resultado es la invisibilidad profesional y una mayor dificultad de promoción.

¿Cuantas veces no te has sentido enganchada en círculos agobiantes de tareas, que no sabes muy bien por qué tú las estás haciendo mientras otras personas (muy frecuentemente hombres) se enfocan en el desarrollo de su carrera profesional? Clic para tuitear

Sin ir mas lejos, las recientes investigaciones de Katharine Ridgway O’Brie, psicóloga de la Universidad de Rice, han demostrado que las personas en general esperan que las mujeres estén de acuerdo y digan SI mas frecuentemente que los hombres a las solitudes de tareas rutinarias y/o administrativas. Linda Babcock, economista de la Universidad Carnegie Mellon, ha encontrado que en mayor medida, tanto hombres como mujeres esperan que las mujeres realicen voluntariamente un mayor número de este tipo de tareas, habitualmente menos (o incluso no) retribuidas. Por ello, las demandas se realizan habitualmente a las mujeres a sabiendas de que se obtendrá el SI con mayor facilidad.

Imagen de S. Hermann & F. Richter-Pixabay

Pero hay aún mas. Según varios estudios experimentales recogidos en un artículo del New York Times, el desempeño del comportamiento altruista en un entorno laboral mejoraría las evaluaciones y recomendaciones de los hombres (pero no de las mujeres), mientras que un menor comportamiento altruista disminuiría la predicción favorable en las evaluaciones y recomendaciones de las mujeres (pero no de los hombres). También que el altruismo relacionado con el trabajo es menos opcional para las mujeres que para los hombres.

Dicho de otra manera, los estereotipos de género sobre cómo deben comportarse los hombres y las mujeres provocan diferentes valoraciones ante las mismas actitudes altruistas.  Y antes o después aparecen los juicios… o la decepción, porque se espera que una mujer debe comportarse como una buena chica que dedica su tiempo de manera generosa a los demás: sesgos del subconsciente, creencias profundas. Mientras la sociedad es permisiva con las decisiones de los hombres, el mundo que crea para las mujeres es de dimensiones mucho mas reducidas.

Precisamente Linda Babcock, junto a otras 4 mujeres del ámbito universitario, conscientes de esta limitación y de la dificultad que tenían para declinar actividades administrativas o favores a la institución, crearon el Club “I just can’t say NO” (“Simplemente no puedo decir NO”). El “NO Club” es una iniciativa similar creada paralelamente en la Universidad de Nueva York.

Las integrantes del Club tienen reuniones frecuentes donde se hacen mas conscientes de las desventajas asociadas a su debilidad, dándose apoyo entre ellas. Cuando alguna se encuentra en una situación en la que se le ha solicitado un favor laboral, envía un email al grupo recibiendo consejos detallados sobre cómo distinguir los efectos asociados a según qué favor en su carrera, o en cómo decir NO de una manera socialmente aceptable. De la misma forma, el grupo actúa revisando aquellas decisiones que debiendo ser SI se desatienden con un NO, y la importancia y consecuencias que ello tiene para la implicada.

Prácticamente todas las mujeres que iniciaron el Club ostentan ahora puestos de responsabilidad y liderazgo, y manifiestan públicamente el gran apoyo que han sentido estando respaldadas por el Club para afrontar sus diferentes vulnerabilidades a la hora de rechazar propuestas.

Qué podemos hacer

Como en casi todo, para cambiar esta situación necesitamos la complicidad de los hombres. En primer lugar, hacer que los hombres sean conscientes de este sesgo y encarguen las tareas de esta índole (organizar jornadas, resolver conflictos, atender visitas, etc) también a hombres. Tanto hombres como mujeres deben alternar este tipo de solicitud de favores institucionales.

En segundo lugar, Nos ayudaría revisar nuestras agendas y pensar cuáles de las tareas anotadas pertenecen a nuestro ámbito funcional, cuáles de estos trabajos son reconocidos por la institución o tienen valor para tu futuro profesional, y cuáles no. Clic para tuitear

Por supuesto es importante que cada una de nosotras, cuando decimos SI o NO, revisemos qué parte de esa contestación se debe al miedo a salir de nuestra zona de confort, al síndrome del impostor, o al subconsciente que te retiene en el imaginario de ser chica encantadora y a la ansiedad que genera pensar que serás castigada por ello. La imposibilidad de decir NO es otro de los hechos que sin duda endurece aún mas el techo de cristal.

Y, por último, ¿qué tal crear nuestro propio Club? ¿a cuántas de nosotras no nos gustaría tener la posibilidad de consultar y sentirse apoyada en esas situaciones en las que una quiere hacer lo correcto pero no sabe cómo y se siente atrapada en sus vulnerabilidades y creencias? ¿O de recibir asesoramiento sobre cómo hacerlo?

Me gustaría finalizar con una reflexión de Laurie Weingart, una de las fundadoras del club, que me parece realmente inspiradora: “Tenemos éxito porque decimos SI… pero esto ha sido por saber tomar las decisiones correctas”. Y para tomar decisiones correctas hay que haber dicho muchas veces NO.

Nuestro futuro depende de nuestra capacidad de modificar nuestros comportamientos asociados a pensamientos y creencias sociales.

                                                            

 Paz Sánchez Zapata

En twitter @twterpaz



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