María de la Fuente Freire y su lucha a favor de la igualdad de las mujeres científicas

Quiero decirle a mi  hija todos los días, no sólo el 11 de febrero, que si ella quiere puede volar tan alto que puede llegar a la luna en una nave espacial diseñada por ella. Tendrá una referente: María de la Fuente Freire.”

Esta entrada en el blog de la Asociación de Mujeres en el Sector Público (AMSP), de la que soy  socia desde hace un año, está dedicada a mi gran amiga María de la Fuente Freire, mujer, científica y madre.

Me gustaría poner negro sobre blanco, su gran lucha a favor de la igualdad de las mujeres científicas. María, ha promovido la campaña #ocientificaomadre, un movimiento colectivo que ha dado lugar a cambios significativos en convocatorias nacionales y a la inclusión de medidas en el nuevo Real Decreto-ley de medidas urgentes en el ámbito de la ciencia, la tecnología, la innovación y la universidad, aprobado por el Consejo de Ministros. María ha padecido discriminación, o mejor dicho, la sigue sufriendo porque su caso sigue todavía sin resolverse y está judicializado, pendiente de que un juez sentencie lo que parece, a todas luces, una injusticia de libro, como os contaré para que saquéis vuestras propias conclusiones.

Quiero decirle a mi hija todos los días, no sólo el 11 de febrero, que si ella quiere puede volar tan alto que puede llegar a la luna en una nave espacial diseñada por ella. Tendrá una referente: María de la Fuente Freire Clic para tuitear

Sobra decir que la carrera científica es una carrera de obstáculos para cualquiera, pero especialmente para las mujeres. La cuestión no es cómo tan pocas mujeres consiguen encontrar un lugar profesional en la ciencia, sino cómo esas pocas lo han conseguido pese a las enormes dificultades que han tenido que afrontar. Las mujeres que lo consiguen lo hacen porque son con frecuencia mejores que sus equivalentes masculinos, y, probablemente, porque han trabajado más horas y han hecho más sacrificios que ellos al tener que combinar lo profesional con lo personal. Pero nadie tendría que verse obligado a elegir entre la vida personal y el trabajo, y las mujeres investigadoras son sometidas a esta disyuntiva todo el tiempo. De hecho, la principal queja de las mujeres en ciencia es una y otra vez la absoluta falta de conciliación entre la vida laboral y familiar. Todo parece hecho a medida para dejarlas atrás.

Como se publicaba este 11 de febrero en el diario.es, las cifras muestran que hay pocas mujeres en ciencia y hay varias circunstancias que lo explican y comienzan desde la más tierna infancia. Las niñas con sólo 6 años se sienten menos brillantes y más incapaces de destacar en los campos de la ciencia y la tecnología. Según apunta el informe PISA, los padres tienen menos expectativas puestas en ellas e incluso se ha demostrado que los docentes las evalúan peor en las asignaturas científicas y técnicas. A esto se suma el llamado “efecto Matilda”, que no es más que la invisibilización de la labor de las mujeres científicas a lo largo de la historia, y que hace que las niñas carezcan de referentes relevantes en los que buscar inspiración.

Los gobiernos se obsesionan con alimentar las vocaciones de las niñas: dar charlas en los institutos, ir a los colegios a hablar de ciencia, mostrar la labor de científicas ignoradas por la historia. Las estadísticas demuestran que las chicas que quieren estudiar ciencias no tienen grandes problemas para acceder a estudios superiores, y más desde que existen becas; no es una cuestión monetaria. El problema es encontrar salidas laborales a las carreras científicas, no entradas.

Las chicas jóvenes miran con lupa qué trabajo les va a permitir hacer una carrera profesional compatible con  su vida personal, ninguna quiere una que les robe su juventud, sus energías y sus ilusiones para no llegar finalmente a nada. Y lo que ven las jóvenes y no tan jóvenes es que aunque se licencien con nota y se doctoren cum laude, nunca parece ser suficiente. El nivel de exigencia es más y más.

Los trabajos estables y de calidad suelen ser para sus compañeros varones, y no lo digo yo lo dicen las estadísticas y los datos objetivos. Hay un techo de cristal (con grosor de dioptrías) en la carrera profesional para las mujeres científicas. Los datos del CSIC demuestran, año tras año, que llegado un cierto nivel profesional, concretamente a partir del período postdoctoral, las mujeres van desapareciendo (y abandonando voluntariamente al ser madres) y los hombres copan la mayoría de puestos de responsabilidad en la excelencia científica. Se genera lo que las especialistas llaman un gráfico de tijera, que el resto de mortales conocemos como techo de cristal: no acceden por ser mujeres, sin más.

Pero…,  después de los datos, voy a hablaros un poco de mi amiga, porque al fin y al cabo está entrada en el blog está dedicado a ti, María. Desde que nos conocimos en Santiago en nuestros  años universitarios (aquellos “maravillosos años”), siempre estuvimos juntas cuando nos necesitamos, para lo bueno y para lo malo, como verdaderas amigas. Me vienen los recuerdos de la despedida de tu primera estancia en Kuopio, Finlandia. Juntas emprendimos esta lucha y juntas llegaremos hasta el final. Las dos sabemos que nuestros hijas ahora se sienten orgullosas, se lo cuentan a sus amigas en el colegio, seguirían contando tu historia a sus hijos y  seguro que a sus nietos, haciendo memoria histórica sobre tu lucha que marcó un punto de inflexión en nuestras vidas y, gracias a ti, también para muchas mujeres científicas.

María de la Fuente es científica y responsable del Laboratorio de Nano-Oncología en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). Trabaja en nanomedicina, en la búsqueda de terapias más efectivas y métodos de diagnóstico avanzados, haciendo uso para ello de la nanotecnología. Después de haberse formado en Galicia, y tras haber completado su formación en el extranjero, retornó con un contrato financiado por la AECC en el año 2011, y en el 2013 establece la Unidad de Nano-Oncología en el Instituto de Investigación Sanitaria De Santiago de Compostela (IDIS), en el marco del programa Miguel Servet (ISCIII-SERGAS).

En la actualidad, dirige a un grupo de más 9 personas, y su actividad se centra en el desarrollo de ideas innovadoras, basadas en la aplicación de la nanotecnología, para mejorar el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Es investigadora principal de varios proyectos de investigación, autora de artículos científicos publicados en revistas de alto impacto en su campo de estudio, e inventora de 5 patentes. ¡María, es una diamante muy valioso!, qué convendría cuidar y con mucho cariño.

Fui testigo en primera persona lo que significó para María regresar a su tierra, le supuso muchas renuncias a nivel profesional, pero también muchas ventajas, al tener la suerte no sólo de poder trabajar en lo que le gusta y cerca de los suyos, sino también con la esperanza de poder devolver a la sociedad, toda la inversión en su educación y formación, en forma de conocimiento y tecnología.

Cuando retornó a Galicia, de sobras conocía las dificultades por las que atraviesa aquí la ciencia, incluyendo el gran esfuerzo que implica lograr financiación para seguir investigando, generando y transmitiendo conocimiento para el beneficio último de la sociedad. Otra de las grandes dificultades que se encontró fue la precariedad laboral; los investigadores sanitarios, por ejemplo, siguen (sin conseguirlo) demandando estabilidad laboral y que se defina su carrera profesional, sin dejar lugar a la improvisación. Las mujeres son siempre las más perjudicadas en este escenario.

Tras volver a Galicia accedió al programa Miguel Servet del Instituto Sanitario Carlos III (ISCIII), para incorporación de investigadores al Sistema Nacional de Salud (SNS), en su caso al Servicio Gallego de Salud (SERGAS). Estos son contratos, para quienes no los conozcáis, que se obtienen en convocatorias de concurrencia competitiva, y suponen un gran paso en la trayectoria profesional, pues les permiten trabajar en un entorno donde los pacientes están siempre en el centro de las investigaciones, y codo con codo con otros profesionales sanitarios. Aportan además independencia científica, ofreciendo la oportunidad de liderar sus propias líneas de investigación y formar equipos. Tras un primer contrato de cinco años, su desempeño profesional es evaluado de nuevo, para dar continuidad a través de un segundo contrato Miguel Servet Tipo II. En convocatorias anteriores a la actual, a través de esta evaluación se clasificaban en dos categorías, una de ellas considerada de excelencia, que es la que tenía María.

Fue en este momento, al ser evaluada por su desempeño profesional, cuando se topó con una realidad hasta entonces desconocida para ella, ¡estaba siendo discriminada, y penalizada por haber sido madre dos veces durante este primer contrato! María tenía que necesariamente concurrir a la evaluación para acceder al contrato de continuidad, en condiciones de desigualdad manifiesta, pues la convocatoria no contemplaba ningún supuesto de interrupción, presumiendo por tanto que  María había estado trabajando, y generando méritos durante estos 13 meses que realmente estuvo de baja maternal.

Lo importante, es que fue incapaz de transmitir, tanto al órgano evaluador como al  SERGAS que habiendo trabajado un 25% de tiempo menos que otros investigadores e investigadoras, y ser obligada a competir en la misma convocatoria, sus posibilidades de optar a la categoría superior, considerada de excelencia y mejor retribuida, eran nulas.

A nivel personal, sé que María tardó tiempo en poner nombre a esta situación, discriminación por género. Necesitó tiempo antes de denunciarla públicamente, tuvo que digerirla. La tuvimos que digerir, porque, cuando las mujeres somos discriminadas, tendemos a culpabilizarnos. Pero, ¿qué más podría haber hecho? ¿Renunciar a las bajas o retrasar la maternidad todavía más, como me han sugerido? ¿Renunciar al cuidado de mis hijos?

Una vez reflexionada la situación, la culpabilidad se transformó en enfado e indignación. Creedme que conozco a María desde hace muchos años y es una mujer luchadora, de principios e integridad férrea. La maternidad no puede ser considerada algo negativo en nuestra trayectoria profesional. Simplemente, es necesario incorporar medidas que garanticen la igualdad de oportunidades y eviten que perdamos competitividad y que sea el propio sistema el que nos acabe excluyendo, y medidas que nos permitan progresar, y si así lo deseamos, acceder a puestos de responsabilidad.

La maternidad no puede ser considerada algo negativo en nuestra trayectoria profesional. Simplemente, es necesario incorporar medidas que garanticen la igualdad de oportunidades y eviten que perdamos competitividad Clic para tuitear

La unión hace la fuerza, y es por esto que hace casi dos años, María creó una petición en change. Una petición individual, que pasó a ser un movimiento colectivo. Y el pasado agosto de 2018, lanzaba, junto a otras 3 científicas, la campaña #ocientificaomadre. ¿Por qué? Pues porque era muy necesario que las científicas contasen sus vivencias y se sumasen a la reivindicación de sus derechos. Había mucha conversación de pasillo, pero pocas declaraciones públicas, la mayoría de las veces debido al pudor que causa hablar de un tema que roza lo personal, otras por ser señaladas, y otras por temor a perder el puesto de trabajo y posibles represalias. #ocientificaomadre marcó un gran hito. Fue un catalizador para promover cambios.

Estos llegaron de la mano de la nueva dirección del ISCIII, que mostró una gran sensibilidad y voluntad de cambio. Se incluyeron supuestos de interrupción en todas las convocatorias del ISCIII, para la selección de personal y evaluación de méritos, y se unificaron las anteriores categorías Miguel Servet Tipo II hacia la considerada de excelencia, minimizando así el impacto de casuísticas que pudiesen tener lugar durante estos primeros 5 años. El Gobierno creó además el Observatorio ‘Mujeres, Ciencia e Innovación’ para la Igualdad de Género, para combatir cualquier discriminación por razón de sexo, garantizar la igualdad de oportunidades y aumentar la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la vida científica y universitaria

Sin embargo, como dije al principio, aún queda mucho por hacer. La primera batalla ganada por María ha sido la de visibilizar la discriminación de género en la ciencia, romper con la normalización de conductas completamente discriminatorias, consideradas normales por ser habituales, como que se tiene que trabajar durante las bajas porque el sistema así lo exige, o que la vocación implica renuncias personales importantes, como formar una familia. Evidenciar la necesidad de reclamar un sistema que favorezca y facilite la conciliación y corresponsabilidad del cuidado. Esa será la gran victoria. Ahora se habla de esto. Y si nosotras lo demandamos, los cambios acabarán llegando.

He escrito esta historia, porque considero que la experiencia de María que es  también mía, podría servir para enviar un mensaje de ánimo, esperanza, e inspirador.

Os animo a todas y todos los  que leáis esta entrada en el blog de AMSP, a no tolerar conductas que impidan que las mujeres ejerzamos libremente nuestras profesiones, y no nos dejen avanzar y progresar. A denunciar estas conductas públicamente, sin temor a ser juzgadas ni a posibles represalias, y a avanzar hacia una sociedad más igualitaria.

Y por último, y ya para concluir, me gustaría hacerlo con un extracto de un artículo de Rosalía de Castro. Mujer, referente, transgresora: “En el fondo, no obstante, mi corazón es bueno, pero no acato los mandatos de mis iguales y creo que su hechura es igual a mi hechura, y que su carne es igual a mi carne. Yo soy libre. Nada puede contener la marcha de mis pensamientos, y ellos son la ley que rige mi destino”.

 

Patricia Iglesias Rey

Letrada  en el Consello de Contas de Galicia. Socia de la AMSP

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