La brecha económica de género se cerrará en el año 2276

La brecha económica de género se cerrará en el año 2276, según el estudio anual de igualdad publicado el 17 de diciembre por el Foro Económico Mundial (FEM).

Miro esta cifra y me recuerda más al código que te envían al móvil para confirmar una transferencia bancaria que a un año de  nuestro calendario… Será porque muchas de las mujeres que hoy estamos aquí, incluso muchas de nuestras hijas, incluso nietas (si llegamos a tenerlas), no estarán entonces para comprobar si esta profecía se cumple. No es alentador el panorama, no. Pero estamos hoy, aquí y ahora y datos como éste no deben hacernos desfallecer en la lucha por la igualdad, pasito a pasito, aunque se traduzcan en dos siglos y medio…

El citado estudio sigue una metodología  que analiza 149 regiones (153 países) y su progreso hacia la paridad de género, en las que considera las 4 áreas decisivas de la igualdad entre mujeres y hombres:

  • Participación económica y oportunidades.
  • Nivel educativo.
  • Salud y supervivencia.
  • Empoderamiento político.

La brecha económica, o salarial, es uno de los aspectos de la brecha de género, que se concreta en las diferencias de ganancias brutas entre hombres y mujeres.

Y, ¿cómo se mide la brecha salarial? La brecha salarial contabiliza los ingresos de todas las mujeres que han trabajado durante más de un año a jornada completa (más de 35 horas semanales) en un país y los ingresos totales de los hombres en la misma situación. Y establece una media para cada uno. La comparación entre ambos es la ratio.

En España, la ratio varía entre uno y dos puntos en función de cómo se midan los ingresos (algunos  estudios miden, por ejemplo el salario bruto por hora en lugar de anualmente, lo que hace que esa ratio sea menor), pero la media nos dice que las mujeres ganan en torno a un 22% menos.

Sin embargo, y según el estudio citado, la brecha salarial entre hombres y mujeres en el mundo se ha reducido ligeramente por primera vez en tres años, y España es uno de los países que más ha avanzado y se ha incorporado, en el octavo lugar, al grupo de diez países que están a la cabeza en paridad de género.

La existencia de la brecha económica parece estar impulsado por el bajo número de mujeres en puestos directivos, el estancamiento salarial, los niveles de ingresos y la participación en la fuerza laboral. Y algunas de las medidas que podrían contribuir a reducir esta brecha serían:

  • Flexibilidad de horarios, para facilitar que mujeres y hombres asuman el rol de cuidadores.
  • Igualar los permisos de paternidad y maternidad, para equilibrar el cuidado de los hijos e hijas (en España se ha ampliado a ocho semanas el permiso de paternidad).
  • Adecuar los horarios escolares al mercado laboral.
  • Valorar los cuidados en el currículum.

Pero, Claudia Goldin, profesora e investigadora de Harvard, lleva treinta años estudiando las causas de la brecha salarial entre mujeres y hombres y buscando respuestas, a la pregunta sobre si la flexibilidad de horarios ayudaría a reducir la desigualdad, no duda en su respuesta: “podría ser, pero lo que de verdad obligaría a las empresas a funcionar de otra manera es que los hombres se plantasen y dijeran que quieren pasar más tiempo con sus hijos. Si los hombres demandan eso, las cosas cambiarán. Si solo lo hacen las mujeres, las cosas no cambiarán”.

Lo que de verdad obligaría a las empresas a funcionar de otra manera es que los hombres se plantasen y dijeran que quieren pasar más tiempo con sus hijos. Si los hombres demandan eso, las cosas cambiarán (Claudia Goldin) Clic para tuitear

Y en este sentido, es revelador y preocupante lo que concluye el economista Henrik Kleven, tras su estudio destinado a averiguar cuál era el origen de la brecha salarial: las principales afectadas por la brecha salarial son las mujeres que tienen hijos.

A la vista de esta conclusión, y más allá de medidas concretas reflejados en datos concretos, ¿no deberíamos pensar en qué hacer para cambiar la cultura, la mirada de la mujer como única, o principal, cuidadora de sus hijos e hijas? ¿Será, de verdad, una cuestión cultural, muchos siglos con esas costumbres, o será que somos las propias mujeres las que nos resistimos, por naturaleza, a cambiar las cosas? ¿Será….?

¿no deberíamos pensar en qué hacer para cambiar la cultura de la mujer como principal cuidadora de sus hijos e hijas? ¿Será, de verdad, una cuestión cultural, siglos con esas costumbres, o que las propias mujeres nos resistimos? Clic para tuitear

Muchos interrogantes que contestar. Mucho que hacer para seguir avanzando hacia esa paridad total, aunque tardemos dos siglos y medio y las mujeres de hoy no tengamos el placer de verlo.

Lucía Quiroga Rey

Asesora Técnica Delegación del Gobierno. Junta de Andalucía



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